Cuando somos jóvenes, a menudo no sabemos qué nos gustaría ser cuando seamos grandes. Los niños suelen soñar con ser bomberos, policías, aventureros o tal vez «superhéroes». Estos son sueños que parecen ser capaces de llevarnos a una vida con sentido y propósito.

Más tarde nos volvemos más realistas y dejamos el sueño de lado. Tratamos de mantenernos abiertos a las oportunidades, pero al final la mayoría de nosotros nos ganamos la vida con algo que no se ajusta del todo a nuestros jóvenes sueños y aspiraciones.

Pero a veces se revela una verdadera vocación, una necesidad de algo muy específico. Aspirar a ser un artista es sólo un ejemplo de tal situación.

La vocación sigue un arquetipo, una necesidad de un Ideal de valor esencial, como la Belleza, la Justicia, el Bien, la Verdad… Cumplir con una vocación es la oportunidad de vivir diariamente la necesidad del alma y permite a quien lo hace sentirse plenamente vivo y no sólo conformarse con sobrevivir.

Nunca menoscabe la búsqueda de la vocación de otra persona, aunque no la comprendas. Respeta los sueños de los demás y no intentes imponerles tu propia visión del mundo. Siempre ayuda a que la vocación se realice. Un sueño que se convierte en realidad es una de las mejores cosas que le pueden pasar a cualquiera en este mundo.